Fui
gratamente sorprendido por la invitación a prologar
este libro y desde ese momento no he dejado de pensar
que muchos otros merecían hacerlo, pero acepté
esta distinción porque percibo que entre las
autoras y yo existe una común vocación
ética para el desarrollo de nuestras actitudes
frente a la comunidad y a la vida misma.
No hay nada más solidario, generoso y auténtico
que el trabajo que realizan estas dos profesionales.
Y es porque a pesar de provenir de diferentes disciplinas,
ellas armonizan esas diferencias, se nutren de ellas
y llegan a hablar un mismo idioma. Sustentan esta actitud
con una profunda vocación y un inexorable deseo
de hacer.
Cuando hace algunos años tuve oportunidad de
presenciar en un curso para graduados dirigido por la
Dra. Norma Najenson un film en el que ella mostraba
en acto la motivación de un niño para
la colocación de la anestesia sentí que
estaba frente a algo que no era frecuente.
|